Hoy me he despertado odiando al mundo, saludando a este nuevo día con un pequeño llanto matutino fruto de mi apatía. He desayunado apenas sin ganas, café y tostadas y 100 gramos de sertralina, y he estado leyendo hasta la hora de comer, donde no he podido evitar fijarme en la comida de mis compañeras, en la cantidad, y en si comían más o menos que yo. ¿Por qué siempre tengo la sensación de que como más que nadie? Jodeeeeer, me siento como una maldita zampabollos y ya no sé si es un delirio o mi maltratado estómago me pide que haga las paces con mi imagen corporal.

Luego invade mi pensamiento la idea de provocarme el vómito, me siento hinchada y no me gusta. Pero sé que esas ideas aparecerán casi siempre, como si fueran un intruso, un espía, en mi pensamiento. ¡¡¡Sal de mi cabeza, maldita bastarda!!! Y me voy, a ducharme, a lavarme fuerte, a permitir que el agua limpie mi suerte, mi circunstancia, mi locura, mi trastorno…. o como quiera llamarse lo que perturba mi vida. Me siento tan sucia…

Esta mañana he odiado al mundo, pero lo amo a la vez tanto que permito que me afecte todo lo que ocurre en él. Amor, odio, confusión.

Y de repente ahora me encuentro bien, una mejoría vespertina en mi estado anímico que no puedo predecir, ni razonar. Ni yo misma me comprendo. Ni yo misma. Mucho me temo que lo mío no tiene solución.

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Ayer fue un día como otro cualquiera. Desde que me desperté estuve tratando de animarme, o mejor dicho, tratando de no deprimirme. Y creo que al final (y con final me refiero a la noche) lo conseguí, no sé si por mi esfuerzo personal, o porque además de haber tomado ya la sertralina decidí pasar la noche a base de sustancias de esas que “supuestamente” mejoran el estado de ánimo. Sustancias cargadas de tiramina y cosas de esas que tienen algo que ver con la serotonina. Anoché procuré darme un auténtico festín serotoninérgico, a base de queso azul, cerveza de trigo, chocolate, infusión de hipérico, mis cápsulas de l-triptófano y un megavideo dispuesto a darme una maratón de películas de David Lynch.

¿Quién me diría a mí, fiel seguidora del método científico, que acabaría optando por remedios naturales tipo hierba de San Juan y tomando triptófano?  Supongo que la desesperación a veces me hace hacer cosas raras, y anoche, cuando ya me había atiborrado a queso y chocolate, recordé que el triptófano no se puede mezclar con comidas….

Pero, si no se puede mezclar con comidas….. ¿qué pasa si lo esnifo?

Pues vuestra trastornada es lo que hizo. Destapé una cápsula de l-triptófano para liberar ese polvo blanco, que parecía auténtica cocaína colombiana, y no pude evitar sentirme un poco cocainómana mientras el aminoácido ascendía por mis fosas nasales. Cuando acabé de esnifar aquellas cinco o seis rayas tenía la nariz blanquinosa. Tuve la sensación de que había terminado muy mal al pensar en que acababa de esnifar triptófano. Triptófano….

Tal vez fue por una señal del destino o tal vez fue la casualidad de que a megavideo se le acabaron sus 72 minutos, pero después de aquello tan sólo quería irme a dormir, con una de lorazepam pivalato y una de agomelatina, mis amantes fieles de las saturday nights. Ellas nunca me defraudarán, ¿o sí?

p.d: No hagáis lo que yo en casa.

Hace semanas que me encuentro en mis días de bajonazo, de esos días que tengo yo en los que no me puedo levantar la cama. “Levántate y ya verás cómo te animas”, “haz deporte”, “no pienses en cosas” (esta es mi favorita, como si pudiera no pensar). En fin, miles de consejos que año tras año he ido cumpliendo y que no han dado su resultado, pero aún así la gente sigue insistiendo, creyendo que me encuentro así de mal porque me da la gana, o que pretendo llamar la atención, o que todo el mundo tiene una etapa depresiva. Sí, una etapa, BREVE y tal, PERO NO OCHO AÑOS.

Y aquí estoy yo, con mi duloxetina y mi lorazepam, y mis trucos baratos de herbolario. Y me sigo encontrando como una mierda, me duele. Es un dolor mental, pero invalidante igualmente. Nadie lo comprende. Llevo semanas intentando buscar a un psiquiatra tan sólo para decirle: “ME DUELE”. Y que haga algo para que no me duela. El teléfono de mi psiquiatra particular no responde (vacaciones, supongo). Deambulo en centros primarios de salud exigiendo que me vean los especialistas, y los especialistas me derivan a otros especialistas, pero eso sí, haciendo su diagnóstico oportuno: depresión resistente, trastorno borderline de la personalidad, trastorno obsesivo-compulsivo…

“Miren, no sé qué mierda me pasa o cómo leches se llama lo que tengo, pero yo me encuentro mal.”

Y a día de hoy ya no sé a qué santo ampararme. Le he rezado ya a tantos. Y no es que sea yo la más creyente del mundo pero es que estoy desesperada. ¿Y si hay algo que me quiere ayudar pero no lo hace porque no rezo? ¿O, y si l@s psiquiatras no me quieren ayudar porque no les rezo?

Psiquiatra nuestr@ que estás atendiéndonos,

bien compulsadas sean tus recetas,

te damos nosotr@s tu sueldo.

Danos hoy nuestro valium de cada día.

Perdona nuestros incumplimientos así como nosotr@s perdonamos a l@s que están cuerd@s,

No nos dejes caer en la depresión, y cúranosla ya. AMEN

A ver si así….